Centro de Profesionales de la Acción Católica "SANTO TOMÁS DE AQUINO" de Buenos Aires, Argentina.

19 de agosto de 2017

BARCELONA Y SU FE CATÓLICA DE 18 SIGLOS

BARCELONA TIENE DOS TEMPLOS CATÓLICOS EXPIATORIOS
LA BASÍLICA DE LA SAGRADA FAMILIA
Y EL SANTUARIO DEL SAGRADO CORAZÓN EN EL MONTE TIBIDABO

La impresionante ciudad condal española -deslumbrante por su pujanza y su puerto- tiene muchos templos católicos de destacada arquitectura, que son testigos patentes de la ancestral fe catalana, que se remonta hasta los albores del cristianismo (hay datos arqueológicos ciertos de la presencia de la comunidad cristiana desde el año 259)

En la actualidad, se destacan entre otros edificios consagrados, en su casco urbano:

1)   Su Catedral, dedicada a la Santa Cruz y Santa Eulalia, del siglo XI, en el barrio gótico. En su cripta están los restos de Santa Eulalia, mártir (290-303), una niña educada en la fe cristiana en Barcino (el actual barrio gótico barcelonés) que le recriminó al gobernador romano de ese entonces por la persecución a los cristianos.



2)   el Santuario de su segunda patrona, la Mare de Deu de la Mercé, (que en 1637 la tradición cuenta que liberó a Barcelona de una plaga de langostas) muy cerca de Las Ramblas



Imagen en Bronce de Nuestra Señora de la Merced, en la torre de la Basílica catalana y su interior.

3)   el monasterio medieval de Pedralbes, en los suburbios de Barcelona, que posee el claustro gótico más grande del mundo, con veintiséis columnas de lado.




4)   y la Basílica de Santa María del Mar (cuyos orígenes se remontan al año 998) de un gótico maravilloso.




Cerca de la urbe, acuden miles de peregrinos al venerable Santuario de la Virgen moreneta (La Mare de Deu de Monserrat)




y al Real Santuario de San José de la Montaña, edificado por un discípulo de Gaudí en un estilo neogótico catalán.




Y tiene nada menos que dos templos expiatorios: el imponente SAGRADO CORAZÓN en el monte Tibidabo y la conocidísima Basílica de la SAGRADA FAMILIA, diseñada por el genial Gaudí.




Interior de la Basílica Expiatoria de la Sagrada Familia y Templo Expiatorio del Sagrado Corazón en el monte Tibidabo, ambos en Barcelona


LA SIMBOLOGÍA DEL TEMPLO DEL TIBIDABO: 
¡A ÉL ACUDIMOS EN ESTAS HORAS!

El Templo Expiatorio del Sagrado Corazón en el cerro del Tibidabo, que domina la ciudad de Barcelona (así como el Cristo del Cerro Corcovado en Río de Janeiro) es una obra magnífica que se yergue como una bendición especial, y es casi desconocido.

Su construcción empezó el 28 de diciembre de 1902 y acabó en 1961. Por este trabajo el papa Pío XI le dio el título de marqués a su diseñador, el arquitecto Enric Sagnier en 1923.

Antes se construyó una pequeña capilla, que aún existe junto al templo, levantada en 1886 para conmemorar la visita de San Juan Bosco a Barcelona, a quien regalaron el terreno de la cumbre.

Hay que distinguir tres partes claramente:

1) La cripta edificada con piedra de color marrón, basta, pesada.
2) La iglesia encima de la cripta con piedra pulida de color gris de Gerona.
3) La colosal imagen de cobre en la parte superior de un Cristo con sus brazos abiertos.

Tres partes, para una explicación simbólica de purificación:

0) El pecado en el valle a los pies del edificio;
1) una cripta pesada y fortificada con arcos bizantinos, símbolos terrenales;
2) un templo gótico ágil, purificado, ordenado, pulido, sencillo
3) y, por encima, más puro aún, el cobre de la imagen del Sagrado Corazón con los brazos abiertos como puente entre el cielo y la tierra, bendiciendo a la Ciudad Condal a sus pies.

En este excepcional santuario catalán hay una Capilla de Adoración Perpetua. A ella acudimos espiritualmente en estos días aciagos, invocando la intercesión de Nuestra Señora de Montserrat, de la Virgen de la Mercé y de Santa Eulalia.





                   


6 de agosto de 2017

LA MÍSTICA Y LA ASCÉTICA

La mística y la ascética

Reflexión acerca de un trabajo interior: 
el necesario camino de  purificación
P. Leandro Bonnin, Chaco




Rasqueteaba hoy el murito frente a la Capilla de Samuhu, bajo los rayos del precioso sol de la siesta, y para acelerar el paso del tiempo, me puse a filosofar.

Rasquetear o lijar a nadie le gusta. Es mucho más gratificante pintar, y visualizar al instante el cambio de color, aspecto o textura de la superficie trabajada.

Rasquetear y lijar, en cambio, es una tarea ingrata, porque es sucia, provoca molestias, te obliga a asumir algunas veces posiciones incómodas, te cansa, y sobre todo, porque parece al principio que más que embellecer,,, la superficie va quedando peor.

Rasquetear y pintar parece una pérdida, más que una ganancia.

Y sin embargo, sin esa previa agotadora labor, el mejor látex se desperdicia, no logra su cometido, corre el riesgo de formar sólo una capa exterior sin agarre. Capa que con facilidad puede desprenderse, y dejar al descubierto la fragilidad de una belleza... lograda sin demasiado esfuerzo.

Y créanme que entonces me acordé de las palabras que, hace más de dos décadas, escuché decir al padre Heraldo Reverdito, refiriéndose a algunas espiritualidades católicas: "hay algunos que quieren llegar a la mística sin pasar por la ascética"

Porque para alcanzar la transformación en Cristo es necesario pasar también por una etapa previa, más difícil, más costosa, de renuncias, donde aparentemente "perdemos" y nos "afeamos". Etapa indispensable en nuestro camino hacia la santidad, para que los dones de iluminación y deificación logren un arraigo generoso.

Alguno más letrado me dirá: "la mística precede a la ascética", y es verdad, porque el punto de partida "es el encuentro (místico) con una persona" (BXVI).

Pero también es cierto que nos cuesta y rehuimos al trabajo "sucio" de conocer nuestro defecto dominante, de mortificar los sentidos, de hacer ayuno, de renunciar a aquellos apegos que tarde o temprano nos alejarán del Señor.

Así, he visto en mí y en otros -siempre se ve mejor en otros- como algunos "cambios" en las personas, algunos "embellecimientos" de sus almas demasiado rápidos y demasiado "místicos", al no ser precedidos y acompañados por el camino voluntario de la purificación... se terminaban descascarando en poco tiempo, dejando al descubierto que la "pintura" o el "barniz" tan brillante que enceguecía... no estaba suficientemente penetrando la superficie.

Animate a rasquetear y lijar en tu corazón... pintá, y dejate pintar por Jesús... contemplá la belleza de las zonas ya terminadas, y entusiasmate, aunque se te llene el pelo de polvillo y te haga estornudar o te acalambres un poco... el resultado final es fabuloso!


4 de agosto de 2017

PREOCUPADO POR EL "AJUAR DE DIOS"

UNA APOSTILLA DE LA VIDA DEL SANTO CURA DE ARS

 


En un comentario sobrado de ironía,  pero no exento de verdad, decía un anciano historiador sobre la Reforma Litúrgica: mira - me decía- en muchos lugares quisieron hacer una Misa “pobre para los pobres” y los pobres dejaron de ir a Misa.

Este no fue el criterio que guió al santo Cura de Ars, movido por su incansable celo apostólico, cuando emprendió el inmenso trabajo pastoral de la nueva grey que se le encomendaba.  

En una de las mejores biografías sobre San Juan María Vianney, encontramos un claro testimonio de su preocupación generosa y sacrificada por el decoro del Culto y la Liturgia. Vivía lo que diariamente recitaba silenciosamente en el ofertorio de la Misa: Domine, “dilexi decorem domus tuæ, et locum habitationis gloriæ tuæ” (“ Señor, he amado el decoro de tu Casa y el lugar donde reside tu gloria”).

También por esto Dios colmó de fecundidad el ministerio de su humilde siervo.

     




De una biografía sobre San Juan María Vianney
  
«L
a santificación del domingo -sin la cual la vida cristiana queda reducida a la nada- fue el primer objetivo que se propuso. La Casa del Señor estaba abandonada; era, pues, menester conducir a ella a los fieles, y para esto darle la dignidad que correspondía. El Reverendo Vianney amó enseguida aquella antigua iglesia como si fuese su casa paterna. Para embellecerla, comenzó por lo principal, es decir, por el Altar, centro y razón de ser de todo el templo. La iglesia ganó mucho en esplendor y decoro .

Después procuró aumentar el ajuar de Dios, como decía en su lenguaje sabroso y lleno de imágenes. Visitó en la gran ciudad de Lyon los talleres de bordados y orfebrerías y compró cuanto le pareció de más precio. En la campiña, decían aquellos comerciantes admirados: “hay un cura pobre, delgado y mal arreglado, que parece no tener un céntimo, y se lleva para su iglesia lo mejor”. Un día de 1825, una señorita de Ars fue con él a la ciudad para comprar ornamentos para la Misa. A cada cosa que le mostraban, repetía: ¡No me parece bastante bien!... ¡Ha de ser mejor que esto!

Estas transformaciones materiales no fueron en modo alguno inútiles. Fueron una prueba del celo del pastor y alegraron a las almas fervorosas. Algunos, desconocidos en el templo (con más curiosidad, quizás, que devoción) comenzaron a ir a la iglesia los domingos»

(Francis Trochu, El Cura de Ars, Ed. Palabra, Madrid 1986, p. 172)
.




De la oración colecta de la Misa de hoy

Dios de poder y misericordia,
que hiciste admirable al presbítero san Juan María
por su entrega pastoral,
concédenos, a ejemplo suyo y con su intercesión,
que procuremos, con la caridad, llevar hacia Cristo a los hermanos
y alcanzar junto con ellos la gloria eterna.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén.



1 de agosto de 2017

NO ABDICAR DE LA VERDAD


LA VERDAD DE LA NATURALEZA Y LA VERDAD DE LA FE SON DONES DE DIOS Y NO PUEDEN SER REEMPLAZADOS POR CONSTRUCCIONES HUMANAS.

Reflexión de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa "Claves para un Mundo Mejor" 
(29 de julio de 2017) 




Querido amigos, hoy quiero hablarles sobre una de las cualidades más notorias de la cultura vigente. Llamo cultura vigente a lo que piensa la inmensa mayoría, a lo que hace la inmensa mayoría, a lo que se impone a la inmensa mayoría de la gente porque -no nos hagamos ilusiones- estas culturas son creadas, son fabricadas. La cualidad a la que me refiero se llama relativismo. 



¿Y qué es el relativismo? Podemos definirlo con una frase muy casera que es ver las cosas según el color del cristal con que se miran. El relativismo no acepta que existan verdades, verdades absolutas, verdades que no se pueden negar, que no se pueden cambiar; sostiene, en cambio, que todo es más o menos. Ahora, a veces, se refuerza eso que es una cualidad intelectual, una postura filosófica, se lo refuerza afectivamente, porque si decís la verdad estás confrontando con alguien, estás molestando a alguien y, en el fondo, estás peleándote. Hasta eso hemos llegado. El que dice la verdad, aunque lo haga comedidamente, es un agresor. 



Fíjense ustedes como se ha reemplazado la verdad por la libertad, pero la libertad entendida como una construcción. Yo soy libre para construir lo que me parece, aunque eso sea contrario a la naturaleza. No existe una verdad, sino que yo soy libre para decir: esto es así y aquello es asá. Voy a poner un ejemplo más notorio y si se quiere más fuerte: si vos sos varón, pero te parece o sentís que sos mujer entonces te podes vestir de mujer, operarte, tener un documento de mujer, casarte con otro varón, etc., etc., y aquí la verdad no cuenta, sino que lo que cuenta es el sentimiento, la libertad de que cada uno tiene que hacer lo que le parece bien, sin referencia alguna a la verdad, a la realidad de las cosas, a la naturaleza propia de cada una de ellas. 



Esto que es una característica de la cultura se introduce también en la Iglesia y no sólo ahora, sino desde hace mucho tiempo. Ha pasado y seguirá pasando. Es decir: no habría verdades absolutas. 

Por ejemplo: Juan Pablo II publicó el “Catecismo de la Iglesia Católica”, como también durante el Pontificado de Pablo VI el pontífice tuvo que insistir muchísimo en varios temas. Pablo VI, miércoles tras miércoles, hablaba de las verdades fundamentales de la fe, proclamó el Año de la Fe, porque muchos teólogos ya empezaron a dudar acerca de estas verdades fundamentales que la tradición de la Iglesia trae desde el tiempo de los Apóstoles y empezaron a lucubrar invenciones suyas en contra de la Fe. El mismo Papa Francisco se refiere constantemente a las realidades fundamentales del cristianismo. 



Me detengo ahora en una dimensión en la cual esto se nota mucho, y es la teología moral por ejemplo. Cuando yo era estudiante estaban de moda ciertos autores relativistas que no aceptaban, por ejemplo, que existen actos intrínsecamente malos, o sea que ciertos hechos o actos humanos son malos siempre independientemente de las circunstancias. Sostenían una moral de situación, una moral de circunstancia, donde la verdad de los principios, de los mandamientos de la ley de Dios, de las exigencias del Evangelio queda relegada porque lo que importa es la libertad de la persona en el ámbito o en la situación en que se encuentra. 



El Papa San Juan Pablo II publicó una encíclica preciosa titulada “Veritatis Splendor”; esas son las primeras palabras del texto que significa el esplendor de la verdad. Allí habla precisamente de este tema que recién les mencionaba, de los actos intrínsecamente malos. 

Hay ciertos comportamientos que son malos siempre, que no se pueden justificar porque yo esté en esta situación o en la otra. Los relativistas de ninguna manera aceptarían una formulación así. Como les dije, para ellos todo es del color del cristal con que se mira. 



De estos deslices anticatólicos tenemos que cuidarnos muy bien. No es agradable decir siempre la verdad. Todos ustedes habrán hecho, alguna vez, la experiencia de decir la verdad en un contexto en que la verdad no es aceptada; uno queda como descolocado y ahora, además, te dicen que eso es contrario al diálogo. Pero el diálogo interreligioso, el diálogo ecuménico, el dialogo social, es posible si uno no abdica de la verdad sino que uno intenta que la verdad, que es algo objetivo, sea reconocida por todos. Ahí está la cuestión. La verdad de la naturaleza, como la verdad de la fe, son dones de Dios, no pueden ser desplazados por construcciones nuestras. 

Les dejo este consejo, entonces: ¡cuidado, no patinar hacia el relativismo! 

+ Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata

31 de julio de 2017

EN LA DESOLACIÓN, NO HACER MUDANZA


SAN IGNACIO DE LOYOLA


De sus escritos, una frase y su explicación sucinta:

LA TRIBULACIÓN Y LA CONSOLACIÓN



Llamo CONSOLACIÓN –dice San Ignacio– cuando en el alma se causa alguna moción interior, con la cual viene a inflamarse en amor de su  Criador y  Señor y, consecuentemente cuando a ninguna cosa material sobre la faz de la tierra puede amar en sí,  sino en el Criador de todas. Llamo consolación a todo aumento de esperanza, fe y caridad y a toda alegría interna que llama y atrae a las cosas  celestiales y a la propia salud del alma, serenándola y pacificándola en su Criador y Señor.

O sea, que el alma consolada es la que arde en amor a Dios y todo lo ama en Dios, y refiere a Dios todo cuanto hace. Lo cual -asegura el santo- genera gran quietud y paz.

DESOLACIÒN o TRIBULACIÒN es lo opuesto:

Llamo desolación a todo el contrario; es la oscuridad del alma, la turbación en ella, la tensión hacia las cosas bajas y  terrenas, la inquietud de agitaciones y tentaciones, moviendo a infidencia, sin esperanza, sin amor, hallándose toda perezosa, tibia, triste y como separada de su Criador.

Los pensamientos que salen de la consolación son contrarios a los pensamientos que salen de la  desolación.

Y dice: si ardiste en amor divino y ya no te abrasas en él, no tomes ahora decisiones y recuerda cómo te sentías cuando estabas consolado en Dios:

Por ello: “EN TIEMPOS DE DESOLACIÓN NUNCA HACER MUDANZA, sino estar firme y  constante en los propósitos y determinación en que estaba el día antecedente a la tal desolación”.

Y SU LEMA: 
“¡AD MAIOREM DEI GLORIAM!” 
(“¡TODO A LA MAYOR GLORIA DE DIOS”)

La oración colecta de la Misa del día de hoy lo expresa magníficamente:

Dios nuestro,

Que para difundir la mayor la gloria de tu nombre
suscitaste en tu Iglesia a san Ignacio de Loyola,
concédenos que, después de las luchas de esta vida,
con su protección y siguiendo su ejemplo,
merezcamos compartir su triunfo en el cielo.


30 de julio de 2017

EL TESORO ESCONDIDO

“El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo que, al encontrarlo, 
un hombre, lo oculta y gozoso del hallazgo, va vende cuanto tiene y compra aquel campo”
(Mt 13, 44).



 BREVE PREDICACIÓN ACERCA DE LA IMPORTANCIA DE UN SANTO DESEO:    “¡BUSCAD LAS COSAS DEL CIELO!”


Amados hermanos en Cristo Jesús:

        
San Gregorio Magno, yendo a lo más profundo de estas palabras del Señor, nos enseña un sentido alegórico que él - como testigo privilegiado de la Tradición - nos trasmite desde la misma fuente divina:

“El tesoro escondido en el campo es el “deseo del Cielo”,  el campo es la doctrina de las cosas de Dios” (1).

         En este valle de lágrimas, el hombre se encuentra atrapado por las cosas queriendo levantar vuelo a una felicidad que no puede encontrar. Y he aquí que Jesús nos revela este secreto, del que San Pablo se hace eco una y otra vez:

“Buscad las cosas del Cielo no las de la tierra”.

       Esta es el principio de la admirable sabiduría de los santos, poner nuestro tesoro y todo nuestro c  orazón en el Cielo, en ese encuentro definitivo con la Santísima Trinidad, con la Bienaventurada Virgen María, con los ángeles y santos, en la felicidad incomparable e inacabable del Cielo.

         Ya a los Patriarcas del Antiguo Testamento en los albores de la revelación, Dios les había enseñado a amar la Patria Celestial (2) y a caminar sobre la tierra como “peregrinos y forasteros” (3) para tender a ella.
        
        Jesús ha querido instruirnos sobre esta enseñanza de capital importancia de muchas maneras, con palabras explicitas y con parábola. “En su predicación todo va inmediatamente ordenado a la vida eterna” (4) dice un gran maestro de la vida espiritual.

         El Señor, que nos ha conquistado la Jerusalén Celestial (5), nos invita a alegrarnos y a vivir con regocijo (6) porque, por su gracia, ya desde esta tierra somos sus ciudadanos (7).

         Por eso nos exhorta a corresponder a su gracia y a esforzarnos (8) por alcanzar la bienaventuranza:

“Buscad primero el Reino de Dios y su Justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura.” (Mt 6, 33)

         Los apóstoles y toda la Tradición de la Iglesia trasmitiendo la enseñanza de Jesús e inspirados por el Espíritu Santo no se cansan de explicarnos y exhortarnos a acoger esta pedagogía divina. San Pablo tiene innumerables citas en este sentido; he aquí una magistral:

“Buscad las cosas de arriba donde esta Cristo sentado a la diestra de Dios Padre, aspirad a las cosas de arriba no a las de la tierra.” (Col 3, 1-2)

         Los Padres de la Iglesia enseñan tenazmente a practicar esta actitud vigilante y así poder tender, con todas nuestras acciones y toda nuestra vida, a la Bienaventuranza, al encuentro definitivo con Dios.

         Para enamorarnos de la bienaventuranza iremos al caudaloso torrente de gracia de la Tradición. Permítanme leerles dos textos de San Agustín, como una muestra pequeña de los innumerables pasajes en que los Padres de la Iglesia nos enseñan cómo la más genuina Tradición ha tenido siempre como fundamento esta búsqueda fervorosa de encontrarse ya definitivamente con el Señor.

“Aquello que nos dice el Apóstol: “Orad sin Cesar” (9), ¿qué otra cosa puede significar sino que debemos desear incesantemente la vida dichosa, que es la vida eterna, la cual nos ha de venir del único que la puede dar? Deseemos siempre la vida dichosa y eterna, que nos dará nuestro Dios y Señor, y así estaremos siempre orando. Pero, con objeto de mantener vivo este deseo, debemos, en ciertos momentos, apartar nuestra mente de las preocupaciones y quehaceres que, de algún modo, nos distraen de Él y amonestarnos a nosotros mismos con la oración vocal, no fuese caso que, si nuestro deseo empezó a entibiarse, llegara a quedar totalmente frío y, al no renovar con frecuencia el fervor, acabara por extinguirse del todo” (10).

“Toda la vida del cristiano es un santo deseo. ¿Qué haces, pues, en esta vida, si aún no has conseguido el premio? “Solo una cosa busco: olvidando lo que me queda atrás y lanzándome hacia lo que veo por delante, voy corriendo hacia la meta para conseguir el premio de la asamblea celestial.” Tal es nuestra vida: ejercitarnos en el santo deseo. Ahora bien, este santo deseo esta en proporción directa de nuestro desasimiento de los deseos que suscita el amor del mundo” (11).

         La razón última del deseo del Cielo es el encuentro con el amor de los amores, Cristo. La virtud Teologal de la Caridad es esencialmente este deseo del Cielo, ya que ella busca el encuentro pleno y definitivo con el Señor. Los santos han vivido de un ardiente amor a la bienaventuranza, ya que ir al Cielo es ir a donde está el Señor y la bienaventuranza es ver al Amado, encontrarse con Él. Los santos han buscado no poner el corazón en otra cosa que no sea Jesús y el encuentro definitivo con Él.

  “Si hay algún bien que el cristiano debe desear ardientemente, ese bien es Dios mismo contemplado cara a cara y amado sobre todas las cosas, descartada la posibilidad de pecar” (12).

         El deseo de la visión beatifica debe ir creciendo en el cristiano hasta que exista cierta “proporción entre la intensidad del deseo y el valor del objeto deseado, y en este caso el valor es infinito” (13).

         Este ardiente deseo del Cielo se sigue a la contemplación infusa de los misterios de la fe que acontece en el camino de todos a la santidad. La Caridad perfecta, que nos hace entrar inmediatamente en el Cielo sin pasar por el purgatorio terminado el tiempo que la providencia nos tenga reservado aquí en la tierra, es esencialmente este vivo deseo de la visión beatifica.

         El deseo del Cielo es lo primero y más importante en la vida espiritual ya que nada enciende más el amor que pensar en encontrarse con el amado. Como dicen los místicos, nada enciende más el amor del alma que ama que pensar en el encuentro próximo con el amado que está loco de amor por ella. Aquella oración insistente de los santos esperando la parusía: “¡Ven, Señor Jesús!” es expresión perfecta del amor a la Bienaventuranza. Esta oración nos da luz y fuerza inigualable para crecer en Caridad y en todas las virtudes, preparándonos así al encuentro del Señor cuando vuelva por segunda vez. ¡La única oración del cristiano podría ser: Ven, Señor Jesús!

         El materialismo en nuestros días se hace eco repitiendo de mil maneras aquella acusación que nos hacía el materialismo de Marx, de que la religión es el opio de los pueblos, porque nos hace pensar en una vida futura olvidándose de la presente. Nada más falso, cuanto más pensemos en el Cielo, más podemos hacer en la tierra como la vida de los santos lo atestigua. Santa Teresa afirmando esta verdad decía con bella poesía “Que muero porque no muero” (14) y precisamente por este amor tan grande al Cielo fue capaz de hacer tanto en la tierra. Su Caridad le hacía descubrir a Dios en todo, incluso escondido entre las ollas (15) y por ella no descuidaba los deberes mas ordinarios de la vida cotidiana. Ella describiendo la Caridad decía: “Dichoso el corazón enamorado que en solo Dios ha puesto el pensamiento por Él renuncia a todo lo creado, y en Él halla su gloria y su contento; aun de sí mismo vive descuidado, porque en su Dios está todo su intento, y así alegre pasa y muy gozoso las olas de este mar tempestuoso” (16).
        
         El tesoro escondido es de tan alto precio que nunca podremos pensar, ni exhortar, ni predicar suficientemente sobre la necesidad de “vender cuanto tenemos para comprar aquel campo”. Ante todo romper con el pecado y con la ocasión próxima de pecado. 

        Nos viene a la memoria espontáneamente las Palabras del Señor: “No se puede servir a dos señores” (17)… “Si tu ojo es ocasión de pecado, arráncatelo. si tu mano es ocasión de pecado, cortártela” (18)… “Sed santos como Yo soy santo” (19)… o aquella lista larga que hace San Pablo de los que no entraran en el Reino de los Cielos: “¿No sabéis acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios” (20)… y también nos viene a la memoria espontáneamente aquello que enseñaba San Juan Bosco a rezar como un grito de guerra en la tentación: “Morir antes que pecar”.

         Pidamos a la Bienaventurada Virgen María la sabiduría que pidió Salomón, que nos hace juzgar todo desde el Cielo, nos hace discernir todo en función de si nos acerca o nos aleja del Cielo, de si nos lleva o no a Dios… 

          Pedimos a la Bienaventurada Virgen María que nos enseñe “la sabiduría de Dios, misteriosa, escondida, que Dios predestinó, antes de los siglos para nuestra gloria, sabiduría que ninguno de los príncipes de este mundo conoció –ya que de haberla conocido nunca habrían crucificado al Señor de la Gloria–, sabiduría que, según esta escrito: Ni ojo vio, ni oído oyó, ni paso por el corazón del hombre, las cosas que preparó Dios para los que le aman” (21).

Fray Guido Casillo OP

Notas:

1: San Gregorio Magno, In evangelia homiliae 11, y Catena Aurea de Santo Tomás en Mt 13, 44
2: Hb 11, 16
3: Hb 11, 13
4: Fr. Reginald Garrigou-Lagrange OP, Las tres edades de la vida interior, cap. 1.
5: Ap 21-22
6: Mt 5, 12
7: Lc 10, 20 ; Fil 3,20 ; Lc 17, 21: “El Reino de Dios está dentro de vosotros”
8: Lc 16, 16
9: Cf 1Tes 5, 17; Ef 6, 18. Es un precepto del Señor mismo, Lc 21,36
10: San Agustín, Carta 130 “a Proba”, En Lit de las hs T IV, p 368 y 373.
11: San Agustín, Sobre la 1Jn, Tratado 4: PL 35, 2008-2009, En la Lit de las hs, T III, p 218.
12: Fr Reginald Garrigou-Lagrange OP, Las tres edades de la vida interior, cap. 1.
13: Fr Reginald Garrigou-Lagrange OP, Las tres edades de la vida interior, cap. 1.
14- 16: Santa Teresa de Ávila.
17: Mt 6, 24
18: Mt 5, 29
19: Lv 20, 7
20: 1 Co 6, 9-10. Cf. También Ef 5, 5 y Ap 22, 15.
21: 1 Co 2, 7-9.


28 de julio de 2017

LA SAGRADA LITURGIA NO ES UN SHOW


"La Liturgia no es un show,
no es un espectáculo 
que necesite actores de talento.

 La Liturgia no vive de sorpresas simpáticas,
sino de repeticiones solemnes.


En ella se debe expresar 
el misterio de lo sagrado".


(Libro: 'Informe sobre la fe')


22 de julio de 2017

UN TESTIMONIO ACTUAL EJEMPLAR

Ignacio Echeverría 

(1978-2017)


Laico de la Acción Católica Española, Parroquia San Miguel de las Rozas, Madrid, asesinado el 3 de junio de 2017 por terroristas yihadistas de una puñalada, al defender a un policía que era golpeado por éstos cerca del Borough Market  un mercado  de alimentos situado en SouthwarkLondresReino Unido, que encuentra en la ribera sur del Támesis, en el extremo meridional del puente de Londres, junto a la catedral de Southwark

Nació en Ferrol (España), viviendo hasta los 9 años en As Pontes (provincia de La Coruña), donde su padre trabajaba como ingeniero en la central térmica de Endesa local. Más tarde la familia se mudó a Las Rozas (Madrid). Ignacio se licenció en Derecho, estudiando en la Universidad Complutense y en la Sorbona. Su familia era católica practicante, siendo Ignacio sobrino nieto de Antonio Hornedo SJobispo y misionero en Perú.

Alrededor de las 23 horas del 3 de junio de 2017, Ignacio se dirigía en bicicleta con unos amigos a la zona londinense de Whitechapel. A la altura del Borough Market vieron a un hombre asestar lo que inicialmente les parecieron puñetazos (serían puñaladas) a un policía tendido en el suelo. Viendo que el hombre dejaba el cuerpo del agente y comenzaba a agredir a una mujer, Ignacio tomó su monopatín y comenzó a golpear al sorprendido atacante, consiguiendo el suficiente tiempo para que varias personas se pusieran a salvo. Segundos después, otros dos yihadistas le asestaban una puñalada en la espalda, siendo esa la causa de su muerte.



Ignacio Echeverría e insignia de la A.C.E.



TESTIMONIO DE UNA DIRIGENTE DE SU GRUPO DE ACCIÓN CATÓLICA
         En la parroquia madrileña de San Miguel de las Rozas, en febrero de 2013, se inició un nuevo grupo parroquial de adultos. Nuestro párroco quería que fuera un grupo de Acción Católica porque sabía que iba a ser de gran ayuda para la comunidad contar con un grupo de personas formadas y dispuestas a trabajar en la parroquia.
         En la primera reunión vinieron muy pocas personas pero a partir de la segunda semana el número empezó a crecer y se fueron animando unos a otros por el «boca a boca» y por los avisos parroquiales.
         Ahí conocimos a Ignacio. No le importó ser el más joven del grupo ni que la mayoría de sus compañeros de equipo le doblaran la edad y fueran casi todos abuelos, estaba muy a gusto. Se «aplicó» desde el principio a aprender el método de revisión de vida, a dejarse iluminar la vida a la luz de la Palabra de Dios. Preparaba bien cada tema e incluso se adelantaba al grupo y avanzaba por su cuenta. Traía trabajados los textos de la Biblia y del Magisterio de la Iglesia y planteaba sencillamente sus dudas. Le gustaba llegar hasta el final si no acababa de entender alguna cosa.
         Era un chico sencillo, más bien tímido. Jamás sacó a relucir los cuatro idiomas que hablaba o su vasta formación en la Universidad de Comillas y en la Sorbona de París. De todos esos detalles nos hemos enterado ahora.
         Le encantaba estar con sus sobrinos y así nos lo contaba muchas veces. Nos hablaba, también, de su trabajo en un banco árabe en Madrid y de las dificultades que tenía, no estaba muy contento en este trabajo, por eso no nos extrañó cuando después de dos años en el grupo decidió marcharse a Londres para buscar otra oportunidad.
         Desde su marcha a Londres hemos tenido poco contacto. Estaba contento y nos encontrábamos con él en la parroquia cuando venía algún fin de semana.
         El domingo 4 de junio por la noche, -al día siguiente del atentado en Londres- el grupo se quedó conmocionado al enterarse de su desaparición. Hemos pasado cuatro días de incertidumbre y dolor pidiendo intensamente por su vida. Al final recibimos la noticia de su muerte con gran pena y a la vez con admiración. Los actos de caridad heroica no se improvisan. Brotan espontáneamente de la persona cuyos valores se han ido trabajando día a día. De una persona que con una vida sencilla y aparentemente «ordinaria» ha sabido vivir cada momento de su vida de una forma extraordinaria.
         ¡¡¡Grande Ignacio!!! Tu grupo de Acción Católica de Las Rozas te recuerda y reza por ti y por tu familia. ¡Hasta el Cielo!
María José de la Esperanza